viernes, 19 de octubre de 2012

LAS MUJERES DEL TITANIC


            La separación fue traumática. Marga jamás pensó que aquello fuera tan difícil. Después de años en guerra con él, después de haber tenido que compartir cama sin quererle durante demasiado tiempo, al fin se había decidido. No fue fácil. Los cuadros, las cosas de la casa, los discos… todo constituyó una pura discusión, todo propició una interminable pelea más. Él se empeñó en complicarlo todo para hacerle pagar la decisión de dejarle. Ella no consiguió probar sus infidelidades, y su encantador proyecto de ex-marido la dejó sin nada. Por fortuna, no habían tenido hijos. De lo contrario, todo habría sido aún peor.

            Comenzar de cero sola, cuarentona, sin trabajo y sin un euro en el bolsillo fue como subir el Everest con los pies descalzos. Más de un año en casa de los padres, mil entrevistas de trabajo, muchos kilómetros pateados de un lado a otro, pero a cambio pequeñas victorias. Al fin, un puesto digno con el que vivir y poder pagar un alquiler. Al fin, independencia total, la cama para ella sola, y nadie que le dijera continuamente “mi madre guisa mejor”, “las sábanas huelen mejor cuando las lava mi madre”, o “mi madre tenía siempre la casa mucho más limpia y ordenada que tú, eres un desastre”. Se sentía como si hubiera tenido un cáncer, se lo hubiera extirpado, y después hubiera tenido que pasar por una severa quimioterapia. En el proceso se le cayó el pelo, desarrolló anemia, perdió el humor y las ganas de comer, por no hablar del dinero que le había costado el abogado, el juicio… Pero al fin se había curado. No permitiría que nadie volviese nunca a hacerle sentir mal.

            Manuel apareció de pronto, sin avisar. Habían coincidido una vez, muchos años atrás, en uno de sus últimos trabajos de soltera, antes de dejarlo todo por alguien que nunca lo mereció. El “cuántos años, qué ha sido de tu vida” dio pie a una larga conversación y a un par de copas. Quedaron para otro día; cenaron, charlaron. Lo pasaron bien. Los dos estaban a gusto, y Marga disfrutaba de aquellas citas que no la comprometían a nada, pero que hacían que se sintiese de nuevo una persona normal. Pero hasta ahí llegaba la cosa; cada vez que Manuel intentó un acercamiento, cada vez que insinuó que la amistad fuese un poco más allá, ella retrocedió. No quería. No, no volvería a pasar de nuevo por aquello. Nada merece la pena si el precio a pagar es tan caro emocional, física y económicamente. Ni hablar.

            Fueron pasando los meses, y a pesar de darse cuenta de que el cariño que sentía por él era cada vez más grande, Marga se negaba a dejarle entrar en su vida como pareja en lugar de como amigo. Manuel comprendía el por qué, y aguardaba paciente, sin presionar demasiado, pero sin dejar de decirle a menudo que necesitaba más. No obstante, a medida que pasaba el tiempo, su paciencia se iba agotando. Ella también sabía que no la esperaría siempre, pero es que no podía. Solo de pensar en lo que había sufrido con el divorcio se le quitaban las ganas de comenzar nada.

            Una noche, más de un año después de aquella primera cena, Manuel se presentó en casa de Marga y apretó el timbre del portero automático. “Marga, por favor. Déjame subir”. Ella se echó a llorar. “Lo siento, no puedo. Sabes que no puedo, me gustaría mucho, pero no. No, porque sé que después querremos más, y luego desearemos vivir juntos, y si luego llega un día en que ya no nos queremos volveré a vivir de nuevo el mismo infierno que ya conozco, y no podría soportarlo”. Manuel la escuchaba, plantado en la calle, con un ramo de flores en la mano. No iba a abrir. Con un pie ya bajando el escalón para irse, le dijo una última cosa a través del micrófono: “¿sabes lo que les pasó a las mujeres del Titanic? La noche del naufragio, durante la cena, más de la mitad de ellas no comieron postre por no engordar”.

            Comenzaba a llover. El telefonillo seguía descolgado, pero ninguno de los dos hablaba. Al fin, se oyó un zumbido. “Sube”.

1 comentario:

  1. Hola!! Lindo cuento y lindo blog. ¡Felitaciones!

    Yo tmb subo mis escritos a mi blog, junto con otras notas de literatura, humor y cultura general.

    Te invito a que mires el último que escribí, justamente una historia de suspenso que homenajea al TITANIC:


    http://viajarleyendo451.blogspot.com.ar/2013/04/almas-que-se-pierden-cuento.html


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    Saludos!!

    Luciano

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