sábado, 10 de noviembre de 2012

ESAS TRAVIESAS FIGURITAS...


            Todos los que somos oriundos de este país llamado España, conocemos de sobra la costumbre de poner, en el nacimiento navideño, un “caganer”. En Cataluña, una de nuestras regiones (de momento pertenece a este país, en un futuro ni se sabe, porque parece ser que mueren de ganas de independizarse), son casi tan protagonistas del Belén como el pesebre, la mula o el niño Jesús. El “caganer” era, en origen, un pastorcillo acuclillado, aliviando una necesidad fisiológica fundamental. Creo que no hace falta que os explique mucho más.

            Por estas fechas comienzan a verse los turrones en los supermercados, los adornos horteras y luminiscentes en los chinos, los Papá Noel en los escaparates, y los “caganers” en los telediarios. Sí, habéis leído bien: en los telediarios, porque los artesanos catalanes tienen la sana costumbre de modelar cada año cagones con la cara de los personajes de actualidad. De esta manera, cualquiera puede colocar en Belén al presidente del gobierno, a un futbolista (triste o alegre, con la camiseta de su club), a un actor o a quien le dé la gana. Hace un momento he podido ver, cerca del portal, a Ángela Merkel, Mario Monti y Mariano Rajoy defecando en amor y compañía mientras supuestamente tratan de arreglar la economía.

            Comprar una de esas figurillas nos permite emplear las navidades en algo más que festejar el acontecimiento cristiano y familiar que todos conocemos, ya que, añadiendo un “cagón customizado” al Belén, podemos perpetrar nuestras pequeñas venganzas personales sin hacer daño a nadie, sin cometer ningún delito y sin que nadie nos pueda cerrar la boca. Con esta idea en la cabeza, me he lanzado a la búsqueda y captura de las figurillas de barro que este año quiero escarnecer convenientemente, todas ellas con los pantalones bajados, carita de circunstancias (empuja, empuja, que ya sale) y su carajito marrón en el suelo, bajo las pálidas nalgas.

            Vista la situación que estamos viviendo, cuyas circunstancias todos conocéis y no os hace falta que os explique, mi Belén, este año, va a tener una larga procesión de defecadores. Quitando la Virgen, San José, el niño, el buey y la mula (esos son imprescindibles, si no el Belén no sería tal, y yo, como católica, los respeto), el resto de las figuras ya no van a llevar corderos al portal. A todos los artesanos los supongo en paro o en huelga, así que no van a salir de la caja. Elimino las lavanderas, el boyero, los zagales, los Reyes Magos y sus pajes (no hay presupuesto para regalos, por tanto mejor que este año se queden en Oriente y se ahorren el viaje). Tampoco colocaré al rey Herodes, que me cae mal, ni a los soldados romanos. No caben, necesito todo el espacio para distribuir a todos los acuclillados que no pueden faltar a la fiesta.

            Esta navidad, la procesión de “caganers” es muy larga. No voy a detallaros nombres, porque no es misión de este blog hacer proselitismo, ni en política ni en ningún otro aspecto. Solamente os diré que quien roba, malversa, mata y estafa, quien dirige y gestiona de manera incompetente, quien asesina animales por diversión, quien disfruta, a costa de mi esfuerzo, de privilegios que yo no puedo ni soñar, quien deja sin techo a los más desprotegidos, quien abusa y se permite juzgar al prójimo por ser como es o porque decida unirse a alguien de su propio sexo, quien impone normas que ni él cumpliría… Todos ellos, lleven traje y corbata, hábitos, corona, cartera o lo que sea, aparecerán en mi Belén. Y si alguno no puedo comprarlo en ninguna tienda y considero que no puede faltar a esta cita navideña, lo modelaré yo, con mis propias manos. Será mi manera de ponerlos en evidencia, de mostrar que me avergüenzo de que ellos y yo tengamos que convivir respirando el mismo aire, porque para mí todas esas personas, y perdonadme la expresión, la han cagado. A fondo, completamente, con todas las letras. Y los demás pagamos, y pagaremos durante mucho tiempo, las consecuencias de sus grandísimos moñigos.

            Todos vosotros, queridos lectores, podéis poner un “caganer” en vuestro Belén. O varios. Riámonos de ellos cuanto podamos. Es, de momento, el único consuelo que nos queda.

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