miércoles, 19 de diciembre de 2012

ABSURDECES NAVIDEÑAS


            Si bien lo pensamos, las fiestas en las que estamos a puntito de zambullirnos están llenas de figuras, canciones y situaciones absurdas que las están convirtiendo en algo irreconocible, raro y cualquier cosa menos deseable. Vamos, que todos los que, como yo, ya no encontréis el espíritu de la Navidad por ningún sitio, seguro que en este texto encontraréis algunas respuestas del porqué.

            Antes, Navidad era familia, alegría sana y compartir. Si había una tableta de turrón para catorce, los trocitos sabían a gloria bendita. Una botella de anís duraba todas las fiestas, y la del año anterior (obviamente vacía) servía para tocar villancicos. Poníamos por casa las mismas bolas de plástico cada año, el mismo espumillón despeluchado por los “pega y despega” de las manos infantiles. Para árbol no había sitio ni presupuesto, eso sí, el nacimiento no faltaba. Ahora, hay que llenar el balcón de luces y colgar un muñeco vestido de rojo para que se vea lo navideños que somos. Dentro de casa, el árbol del año pasado ya no nos gusta, hay que cambiarlo. Estas bolas pasaron de moda, compremos nuevas. Total, ahí en los chinos todo está barato.

            Ahora hacen turrón de chorrocientas clases y sabores. Si somos diez en la mesa, habrá como mínimo doce variedades distintas. Andaremos comiendo turrón hasta abril por no tirar todo lo que va a sobrar. Tendremos de yema con guindas al marrasquino, de fabada asturiana a la morcilla de arroz, de chocolate con pistachos iraníes, de Alicante, Jijona, tortas imperiales de la Señorita Pepis, pan de Cádiz, turrón de coco de las islas Fidji al ron jamaicano, y aun así, alguien dirá que “es que yo, si no hay turrón de nata con nueces de california y chocolate belga, para mí no es Navidad” y te amargará el día. Para acabarlo de arreglar, después de la cena la juventud se marcha al cotillón de Nochebuena de la discoteca más cercana, y ya no les ves el pelo hasta las trece del día siguiente, con lo cual la sobremesa cantarina y charlarina pierde bastante.

            En cuanto a los licores, más de lo mismo. El mueble bar tiene más artillería que la bodega Osborne en plena producción, y es que claro, como somos todos muy cumplidores, el villancico dice “beben, y beben, y vuelven a beber”, y nosotros hacemos caso. ¡Ah, que eran los peces en el río! Esa parte nos la saltamos, porque mira, sería de tontos echar tan buenos caldos al río para los peces, mejor nos lo pimplamos nosotros, que lo sabemos apreciar mejor. NOTA IMPORTANTE: SI BEBESSSSSSS, NO CONDUSCASSSSSSS.

            La orgía de comida, desde luego, es indescriptible. Se supone que Jesús nació en un pesebre porque eran muy pobres. Por el contrario, aquí nosotros echamos el resto y compramos de lo más caro para celebrarlo. Un pelín incongruente, me temo. La pata, que sea negra. El pollo normal no vale: pularda, capón, pavo, o si no se puede, como mínimo que el bicho sea campero. Lo de los cochinillos también da cosa, que vas al Carrefour y te encuentras la nevera con todos los lechoncicos ahí difuntos, envueltos en plástico, que parecen bebés y da una impresión que te pone los pelillos como escarpias. Yo me parece que este año voy a darle mayoritariamente al verde: lombarda con manzana, espárragos con mahonesa, pimientos asados con alguna anchoa perdida, y ya. Haciendo un exceso, unas gambas, que si uno no se mancha las manos comiendo, no es Navidad.

            Continuamos el repaso por los símbolos navideños. Yo cambio el arbolito convencional por un naranjo con su fruta. No se me ocurren bolas de adorno más bonitas que esas, con su naranja encendido. Eso sí, en casa no cabe. Mejor lo dejamos en el campo y salimos a verlo, que de paso nos da el aire. Luces tampoco voy a poner, me da alergia el recibo de Ibertrola cada vez que llega al buzón. Si acaso, alguna velita. Lo del gordo de rojo, como es mentira, no lo tomo ni en consideración. Ni siquiera originalmente iba de rojo, sino de verde. El color se lo cambió la Coca-cola, y nosotros, como bobos, ahora si no lo vemos rojo no nos parece Papá Noel. Pues vale. ¿Y lo de los renos voladores? ¿Qué se fumó el que los inventó? Anda, que… Ya ni los reyes Magos son lo que eran, ahora resulta que venían de Andalucía, con lo cual en lugar de coronas, turbante y capas de armiño deberán llevar traje corto, faja, botas camperas y sombrero cordobés. Van a ser como tres botellas de Tío Pepe caminito de Belén. Penoso.

            Dejo para otro año lo de los villancicos, porque eso es que no hay por dónde agarrarlo. De momento, a la mitad de ellos hay que cambiarles la letra, porque el buey y la mula dice el Papa que no estaban, así que tendremos que poner en su lugar otra cosa para rellenar las estrofas que quedan cojas. Sería algo así como “entre un pilar y una rueda caaaaarro Dios ha naciiiiido / y en un pobre peseeeebre lo han recogiiiiiidooooo / Ay, del chiquirritín…” o “un gato le maúlla, un perro le ladra / y el niño Jesús dormido se queda”. Ya sé que no pegan ni con cola, pero si los queréis mejores, que haga las letras Benedicto Dieciséis. Y si no, que no hubiera levantado la liebre.

            Por cierto, que no lo he dicho. Feliz Navidad. O lo que sea.

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