sábado, 29 de diciembre de 2012

LLAVES EN TU BOLSILLO


            El otro día acompañé a mi hija mayor para recoger las notas en el instituto. Sus primeras calificaciones de secundaria. No dejaba de cruzarse con los compañeros, de saludar y de felicitar las fiestas a unos y otros; leí las notas de algunos chavales en sus rostros y en los de sus padres, sin necesidad de ver los boletines. En ocasiones así, las caras son el espejo del alma.

            Antes de salir de casa, me preguntó por qué me arreglaba tanto. “Mamá, solamente vamos al instituto, no hace falta que te pintes ni que saques los vaqueros nuevos”. Yo le sonreí y le prometí que a la vuelta, cuando ya tuviéramos las notas, le explicaría una cosa. Estuvo en ascuas media mañana, hasta que por fin regresamos. “Venga, cuéntame eso que me tenías que decir, que me tienes intrigada”. Yo saqué del bolso su boletín, que venía lleno de buenas notas y excelentes comentarios de todos los profesionales que trabajan en su formación, y le dije: “esto, pichón, es tu primera llave”.

            Le expliqué que, en cierto sentido, nuestra vida se desarrolla como algunos videojuegos: vas recorriendo el camino, y recogiendo llaves. Cuantas más llaves consigas, más puertas podrás abrir después. O, en caso de tener que jugártelo todo ante una única cerradura que pueda suponer el seguir adelante o no, más posibilidades tendrás de que una de tus llaves sea la correcta, la que te facilite el franquear ese umbral. “Tal y como se están poniendo las cosas, mi niña, el ganar una plaza para un programa plurilingüe en la enseñanza pública, reservado para los mejores expedientes de primaria, es todo un triunfo. Completar ese programa te dará una llave. Terminar tus estudios de grado profesional de flauta te dará otra llave. Tener un aspecto agradable cuando salgas, cuidar tu pelo, la limpieza de tus manos, y el ir vestida de manera adecuada te darán una llave más, porque cuando la gente piense en ti evocarán una imagen agradable. Eso no quiere decir que siempre tengas que ir perfecta e impecable, ni pintada como una puerta o con manicura profesional, pero sí huir de la pereza a la hora de tratar tu carta de presentación visual. Tu voz es un aspecto importante: el que no sea chillona ni estridente, sino clara y agradable, es algo que se entrena y se aprende, como cualquier otra cosa. Ella también te dará otra llave. Tu sonrisa, si la usas bien, te dará otra, y un vocabulario rico y sin palabras malsonantes (y para eso solamente necesitas leer mucho y pensar antes de hablar) te otorgará también una llave más. Cada curso que hagas, cada cosa que aprendas, las personas que conozcas… todo eso, aunque en principio te parezca que no, te irá dando más, y más llaves. Cuantas más acumules, mejor para ti. Por eso hoy me he arreglado para ir contigo al instituto: soy tu madre, y nos corresponde a mí y a tu padre, más que a nadie, el enseñarte estas cosas. Hoy iba a conocer a tu profesor, no era adecuado ir en chándal, ¿no crees?”

            Estuvo pensando durante un rato largo. Echaba cuentas de las llaves que ya tiene en su bolsillo, y reparó en cuántas veces la corregí, cuántas veces le dije “te oigo bien, hija, no necesito que me grites”, o “ponte un pantalón más largo, vamos a visitar a una persona mayor”, o “no quiero verte así las uñas: o te las limas o te las cortas”. Comprendió el “si puedes sacar un ocho no te conformes con un cinco”, y el “límpiate las gafas, por favor”. Entendió muchas cosas de pronto.

            Me dio un beso y un largo abrazo. Me supieron a gloria.

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