lunes, 10 de diciembre de 2012

MAGIA EN LAS MANOS


            Cuando Alexandra era pequeñita, estando sentada con su madre en una terraza, una gitana se acercó a su mesa. Traía en las manos ramitas de romero “contra el mal de ojo, la mala salú y los enemigos de la suerte”. Quiso leerle la mano a la niña, evidentemente para obligar a la madre a comprarle una de las ramitas de romero. Ganancia limpia, porque las había cortado en un parque público cercano. Alexandra, con la inocencia propia de sus pocos años, le extendió su derecha, con la palma hacia arriba, y la mujer comenzó a pasear su dedo decrépito y sucio por aquellas líneas infantiles. “Señora, esta niña tiene magia en las manos. Con ellas hará cosas que llenarán los ojos de los demás de colores, recuerdos y sonrisas. Cuídela bien, porque con su don llegará muy lejos”. Resignada, la madre de Alexandra le dio a la gitana cincuenta pesetas. Aquella pícara seguramente les diría lo mismo a todas las madres que encontrase en su camino.

            Es curiosa la forma en la que los acontecimientos pasan desapercibidos para algunos, y sin embargo a otros les cambian la vida. A la mañana siguiente, la madre no se acordaba ya del incidente. Sin embargo, la niña se miraba las manos todo el tiempo. ¿Dónde estaría aquella magia? ¿En qué consistiría? ¿Llegaría alguna vez ella a descubrirlo? El cofre de las preguntas sin respuesta se iba llenando a la velocidad del rayo. “Tengo que averiguarlo”, pensaba Alexandra. “Si puedo hacer magia con mis manos, la usaré para hacer todo eso que la gitana dijo que haría”. Ese sería el sentido de su vida.

            Alex creció, y el recuerdo de aquella improvisada quiromancia con olor a romero recién cortado se fue llenando de tintes misteriosos que el paso de los años se encargó de oscurecer. Los juegos de manos no se le daban bien. Las cartas tampoco. No lograba sacar pañuelos de la nariz de nadie, ni conejos de su chistera. Podía ser que, al fin y al cabo, la gitana simplemente mintiese para ganar unas pesetas, pero si admitía eso también tendría que aceptar que llevaba toda su vida creyendo en algo tan falso como una moneda de cuatro euros. Tal vez la magia a la que se refería no tenía nada que ver con los ilusionistas que todos conocemos. La mejor opción era dejar de buscar: si realmente poseía ese don, él solito aparecería en cualquier momento. Alexandra decidió arrinconar el recuerdo en las mazmorras de su memoria e ignorarlo en lo venidero.

            Yo la conocí hace unos pocos días en un mercado de artesanía. Esas manos que no lograban encontrar su magia son las de una artesana original y creativa que, con un chasquido de sus dedos, puede hacer que una simpática planta carnívora, roja y con lunares blancos,  muerda tu oreja y se convierta en tus pendientes. O también puede colgar de tu cuello un pedazo de tarta arco iris, un cupcake de colores, ponerte una pulsera de golosinas en la que gominolas y piruletas reducidas a la mínima expresión se alternen con caramelos y tostadas de nocilla de dos colores. Puede hacer que gatos negros y perros blancos bailen colgados de tus lóbulos y que tu caja de los tesoros se disfrace de tarta de cumpleaños. Si se empeña, consigue que los chapines de rubí que llevaba la bruja del Oeste en “El Mago de Oz” te sirvan de punto de lectura en tu libro favorito, y que al verlos asomar entre las páginas, con sus medias de rayas dentro, te hagan sonreír y recordar una infancia más o menos lejana.

            Le pregunté el nombre de su tienda. No podía ser otro: “Aleshop”, un guiño a la magia que escondían sus manos, que no era otra que la de crear para llenarte de colores y hacer aparecer una sonrisa en tu cara, o en la de aquel a quien decidas regalar alguna de sus golosinas. Ponerte algo de lo que Alexandra fabrica hace que te sientas original y divertida, y qué queréis que os diga, con lo que está cayendo, se agradece. No hay que dejar pasar de largo nada que pueda hacernos sentir mejor.

            Creo que la próxima vez que coincida con ella no podré resistir la tentación de llevarme algo puesto. Puede que un pendiente de tacita de chocolate, con su pareja de croissant. O unos “macarons” rellenos de fresa. O… ¡ay, qué indecisión! ¡Me lo quedaría todo!

1 comentario:

  1. Alex es una artistaza!!! Coincidi con ella en una feria de artesania.
    Besitos
    Belen (clandeshouse pekes)

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