martes, 4 de diciembre de 2012

MI PLAN NAVIDEÑO


            Ya llegan, ya están aquí. No, no tembléis, no son los agentes judiciales que vienen a ejecutar vuestra hipoteca. Me estaba refiriendo a las fiestas navideñas. Sí, ya las tenemos encima otra vez. Los pasados años nos caían encima el dos de noviembre: en cuanto recogíamos las calabazas y los esqueletos del Jalogüín, desaparecían los huesitos de santo y los panellets y surgían las estanterías de turrones como los hongos en otoño, de hoy para mañana, como por ensalmo. Este aciago 2012, tal y como están las cosas, no se han atrevido a anticiparlas tanto, pero al fin ya nos han colonizado de nuevo.

            Según los mayas, alrededor del 21 de diciembre se va a terminar el mundo, de modo que no debería estar cavilosa con este tema, porque si les hacemos caso, este año no hay que decidir si la Nochebuena con tus padres y la Navidad con los míos, si yo no voy porque viene la prima Virtudes y es una morsa bigotuda que cuando besa a las niñas les deja cicatriz, o en qué momento hay que quitarle la botella de anís a tu hermano que me está poniendo dolor de cabeza en modo “taladrator”. Pero como la monserga del fin del mundo viene siendo lo que se dice mayormente un cuento chino (o maya en este caso), va a haber que replantearse seriamente las cosas navideñas.

            Para empezar, partimos de la base de que hay tanta gente viviendo de la pensión de los abuelos, y tantos otros que han perdido su casa, o se les está acabando el paro y no saben qué van a hacer el mes que viene para poder comer, que la lujuria celebrativa en lo gastronómico y en lo libatorio que nos caracteriza en estas fechas me parece rayana en lo indecente. Tampoco digo que no haya que festejar: estamos juntos, estamos vivos, las fábricas de turrón tienen que seguir funcionando para no generar más paro, y las de juguetes también por la misma razón. A los niños hay que darles su porción de ilusión navideña, porque la niñez no va a durarles siempre, y se van a hartar de ser adultos y de capear problemas y temporales. Lo que digo es que no soy capaz de pegarme unas fiestas como otros años porque no puedo dejar de ponerme en el lugar de los que no encuentran razones para celebrar nada de nada.

            Una vez expuesto todo esto, propongo mi propio plan de austeridad navideña. En primer lugar, nada de lucecitas pagadas del erario público municipal. No mientras estén quitando las subvenciones a las escuelas de música, no mientras tenga amigos que no ponen la calefacción en casa porque no pueden afrontar el recibo de la luz si se sube mucho a la parra. El que quiera chiribitas de colores, que las ponga en su balcón y que las sufra su contador eléctrico. Y si no, a mirar las estrellas, que son muchísimo más hermosas, y además salen gratis y no están hechas en China. En segundo lugar, queda abolido el foie, que los pobres patos no tienen la culpa de nada. Voy a aprender a hacer hummus de garbanzos y sésamo para untar. Así no padece nadie por el nacimiento del Niño Jesús. La lombarda la mantenemos, y a quien no le guste siempre puede recurrir a las espinacas, que con pasas y piñones están espectaculares. El marisco ni olerlo, que el ácido úrico se nos solivianta, y el medicamento que lo combate hay que copagarlo y repagarlo. Nada, recorte que te crio.

            Al corderito este año lo vamos a dejar pastando en el prado, y lo vamos a cambiar por unas lentejas, que tienen mucha proteína vegetal. En caso de ser gentes de buen saque siempre se puede añadir un puñado de arroz para completar el plato. Y perejil, que es resultón y barato. Para que no digáis que soy tacaña, se admite un chorizo para cada dos comensales, que le de algo de alegría a la legumbre. Esto, tomado bien caliente, que es lo que pide el cuerpo con estos fríos (de esto que se te cae el moquillo y todo cuando te echas al coleto la cuarta cucharada del guiso), y no echas de menos los langostinos, te lo digo yo. También vale el cardo, con almendras y mucho ajo. Si acaso luego le echamos el aliento a la prima Virtudes, que le molesta el olorcillo, y que se jorobe la morsa bigotuda.

            Solucionado lo del comercio, vamos con el bebercio. Vino de la tierra, los de importación que se los importen los alemanes, que pueden. Si el año pasado cayeron seis botellas de cava, este año dos, y las demás que sean de agua de Vichy. Ahorraremos en aspirinas, paracetamoles y antiácidos, cosas estas tres que ya no entran por la Seguridad Social. Cerveza, que sea de la más económica. Total, a la segunda botella ya vas piripi y te da lo mismo. Y el turrón, tiraremos del blando, que se puede cortar en porciones más pequeñas, y el de chocolate con arroz inflado. O en su defecto, elaboraremos el nuestro propio (internet está lleno de recetas de todos los colores). Los fabricantes de Jijona y Alicante solamente tienen que convencer a los chinos, que manejan divisas a tutiplén, de que el consumo de turrones españoles pone a las mujeres asiáticas los ojos redonditos y les hace crecer la delantera, y veréis, veréis a las orientales agotar las existencias del producto.

            Respecto al tema de los regalos, no hay duda. Hacedlos vosotros mismos, y envolvedlos en besos y abrazos. Evitaréis maratones por los centros comerciales y gastos difícilmente asumibles. Por no hablar de que quizá descubráis en vosotros mismos habilidades desconocidas a la hora de usar las manitas. No vale regalarle a la prima Virtudes un muñeco de Vudú hecho con palillos y ajos de las Pedroñeras, que luego la tenemos. Portarse bien, que estamos en Navidad.

            En fin, una vez ejecutado el plan de austeridad, echad cuentas así, por encima, de lo que os habéis ahorrado. Y si podéis, emplead una parte de ese ahorro en echar una mano a alguien que esté en peor situación que vosotros. Os aseguro que saben mejor sardinas asadas para catorce que besugo para cuatro. Compartiendo así, quizá la luz que falte en las calles la pongan muchas sonrisas agradecidas.

1 comentario:

  1. Y como dice el chiste (si no lo cuento, reviento), el que quiera marisco, que se ponga el CD de "El Cigala". Je, je.

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