miércoles, 12 de diciembre de 2012

NO SON UN REGALO


            Marina y yo fuimos, el pasado fin de semana, a una tienda de animales. Íbamos buscando una paridera de plástico para el acuario, tenemos una pececilla preñada y pretendemos salvar los alevines antes de que se los coman, cosa que hacen habitualmente porque están encerrados en una pecera y se estresan. Cosas de la naturaleza.

            El caso es que, mientras mirábamos los acuarios, nos dimos cuenta de que en aquella tienda había bastantes peces flotando boca arriba. Tirando a muertos, para que me entendáis. Avisamos al dependiente de que tenían un pez disco (rondan los 30 euracos) pegado a uno de los filtros, aspirado por la succión de la bomba. No tenía ya fuerzas para moverse, pero estaba vivo. “Es que ya le queda muy poco. ¿Para qué lo voy a despegar?” Después vimos una tortuga de agua, en cuyo acuario flotaban varios peces, también muertos, de varias especies. Nos dimos cuenta de que cuando se les morían los bichos se los daban de comer a la tortuga. Marina empezó a llorar. Y eso que aún no habíamos llegado a las jaulas de los animales.

            Lo de mi gordita pequeña con los perros y los gatos de las tiendas de mascotas es algo patológico. Sé que las jaulas le atraen como un imán, y también sé que no pasan sesenta segundos sin que se desate una verdadera fuente en sus ojitos. Se planta delante de los cachorros, que patalean pidiendo mimos, se ponen a dos patas y tratan de tocar sus manitas, y ella los mira e intenta consolarlos de su forzosa soledad, pero no puede acariciarlos ni acunarlos en sus brazos, y siente tanta impotencia que llora sin remedio durante bastante rato. El dependiente pasó por su lado. “No llores, niña, que ese ya está reservado. Va a ser un regalo de Navidad para alguien”. 400 euros. Un cachorro de chihuahua diminuto, con unas huellitas ridículas de pequeñas, solito y encerrado hasta el 5 de enero, sin cariño, sin abrazos, sin nadie a quien lamer las manos.

            “Mamá, cuando vas a adoptar un perrito a la protectora te piden que expliques cómo lo vas a cuidar y dónde lo vas a tener, para asegurarse de que va a estar bien. Cuando vienes a una tienda de mascotas, ¿también se preocupan de esas cosas?” Nunca he sido de ocultarles las realidades a mis hijas. “No, Marina. En las tiendas solamente quieren que pagues lo que vale el cachorro. Con eso les basta”. Lo pensó, y se volvió de nuevo hacia el chihuahua. Otra vez a llorar. No me hizo falta explicarle más cosas, con nueve años ya sabe bien lo que le espera al perrito. Con mucha suerte, alguien que realmente lo quiera y lo cuide. Con algo menos, terminará pronto en la perrera, o en la protectora.

            Cuando una persona conoce a otra, pueden pasar varias cosas. Una de las más bonitas es que surja ese “feeling” imprescindible para que nazca una amistad. Luego, ese sentimiento se desarrolla, y si todo va bien entre las dos partes implicadas (básicamente si las dos están más preocupadas en ofrecer que en obtener), la amistad se consolida creando unos lazos de cariño que llegan a ser tan fuertes como los de la sangre. En ocasiones, incluso más. ¿Os imagináis regalando un amigo por Navidad? ¿Os veis yendo a una tienda a compraros un amigo? ¿Verdad que resulta antinatural? Pues eso es lo que ocurre cuando vamos a comprar un perro o un gato.

            Los animales de compañía no son una cosa. No son juguetes. Dan mucho, pero también necesitan mucho, dependen de nosotros para alimentarse, es preciso sacarlos a pasear varias veces al día, aunque llueva o haga frío, o limpiar la arena en la que hacen sus cositas, igual que limpiamos el cuarto de baño donde nosotros hacemos las nuestras. Hay que ir al súper a por su pienso, llevarlos al médico si enferman, medicarlos y cuidarlos, pagar alguna cirugía si es necesaria. También se resfrían, cogen gastroenteritis, se ensucian y hay que bañarlos, y barrer sus pelos de casa, cepillar más la ropa y advertir a las visitas por si las alergias. Esto puede parecer mucho trabajo, pero es lo que hay. Si regalas un perro, esto es lo que regalas. Sin embargo, si tú conscientemente adoptas un amigo, adoptas cariño, ánimos, consuelo, compañía, seguridad, comprensión, apoyo, calor. Y a cambio solo tienes que limpiar un poco más, pasear un poco más y comprar para uno más. No es tanto, ¿verdad?

            Un amigo no es un regalo, es un don. No se compra. No se impone. No se vende. No compres, adopta. No permitas que el capricho de la Navidad sea el abandono del verano.  

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