jueves, 10 de enero de 2013

ENTRADA NO APTA PARA MENORES: LAS CINCUENTA SOMBRAS DE MARRAS


            He leído de todo sobre ellas: que si sí, que si no, que tiene interés, que no vale un pimiento, que el argumento está bien traído y bien llevado, que no hay por dónde cogerla… pero el caso es que el rollito sado-light que vende el libro de marras tiene enganchado a medio mundo. Concretamente, al medio mundo que usa falda y tacones.

            Si tecleas ese título en google, te sale ahí de todo. Opiniones, artículos, críticas, vídeos alusivos, apuestas sobre quién le pondrá cara en el cine, y hasta anuncios de lubricantes y juguetes sexuales que una conocida marca de productos del ramo vende junto con la trilogía. “Para que lo disfrutes”. Toma ya, Kas naranja. Para mingitar y no echar ni gota. Las mujeres se lo recomiendan unas a otras, y se lo prestan, con una sonrisa de medio lado, como hacían antes los chavales con la “playboy” que le robaban a papá de debajo del colchón.

            Yo me preguntaba dónde estaba el misterio, la gracia, el “aquel” de la novela para justificar semejante pelotazo editorial, casi equiparable al del niño mago de las gafitas, y después de resistirme durante meses a echarle un ojo, al fin me decidí. Pura curiosidad profesional, lo juro por Snoopy. Ahora ya sé dónde está el truco, ya no me hace falta que me lo cuente nadie.

            Recuerdo en concreto dos películas de cine que fui a ver en su día, y que dieron la campanada (y gorda) en la época: “9 semanas y media” y “Las edades de Lulú”. En las dos, la gente salía del cine del mismo modo: encendidos en candela. La primera, al ser americana y con la Kim Basinger en paños menores, triunfó tanto como la Coca-Cola. La otra un poco menos, era española y el prota masculino era Óscar Ladoire, que no es precisamente un sex-symbol, pero bueno. El caso es que ambas exhibían erotismo de alto voltaje, con sus infinitas posibilidades, en las salas de cine normales, es decir, no en las X (que ya no deben existir, porque ahora el porno se compra sin problemas en cualquier lado, no hace falta ir a un sórdido sótano de entrada medio camuflada). Y vaya que sí, hicieron historia, y si no, preguntad a cualquiera que tenga de cuarenta para arriba, y veréis lo que os dice. Pues bien: esas dos películas, antes de salir a la pantalla, fueron libros. No se vendían en cualquier parte, desde luego. Los hacían imprimir sellos editoriales como “La sonrisa vertical”, y cuando alguien compraba uno lo tenía escondido en el rincón más recóndito del armario, como algo secreto y pecaminoso, pero ampliamente disfrutable. Lo que se ha hecho con las cincuenta sombras de marras es, ni más ni menos, sacar la literatura erótica del cajón de las braguitas y venderla en Carrefour.

            Me resulta curioso encontrar esta trilogía en toda librería, papelería y centro comercial en que entro. Y aún me resulta más curioso ver a gente leyendo uno de esos negros volúmenes en el aeropuerto, la playa o un banco del parque, como quien lee “Cien años de soledad” o “Los pilares de la Tierra”. No tiene nada de mágico, ni de espectacular; es solamente literatura erótica al alcance de cualquiera. Ni el argumento es ninguna maravilla, ni pasará a la historia como una obra maestra de las letras, ni nada. Lo que puede que haga es subir un poco el índice de natalidad, que tampoco vendrá mal, y quizá mitigar un poco tanta mala leche que hay suelta por ahí. Todo ese tochazo de libro (al menos, el primero) se podría condensar en menos de la cuarta parte si dejáramos solamente las páginas que interesan: las de los polvazos espectaculares que se marcan el Grey y la churri. Si, tal y como me han dicho, los otros dos libros son algo menos interesantes, me los ahorro. Eso sí, está dando para largas conversaciones entre féminas, llenas de picardía, grititos, risas y rubores. Si algún hombre pasa cerca y las escucha, se queda de pasta de boniato (Dios mío, qué cosas está diciendo mi mujer. Así me las dijera a mí de tanto en tanto…)

            Si de una vez va a popularizarse el uso y disfrute sin pudor de la literatura erótica, por favor, que alguien me avise, a ver si estoy yo aquí venga a darle al cuento inocente y con moraleja, y resulta que lo que de verdad mola es lo otro. Que yo también quiero dar un pelotazo editorial, y dinero no tendré, pero lo que es imaginación…

1 comentario:

  1. Dice mi editora favorita, citando a un conocedor:

    "Lo malo de leer basura no es el acto en sí - por que hay basura muy buena -, sino leer la basura desconociendo que lo es."

    En lo personal, alguna vez intentaré escribir literatura erótica. Ya lo leerán, ya lo leerán.

    Saludos desde México.

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