lunes, 21 de enero de 2013

LA ENCUESTA DE ENERO


            De vez en cuando nos sorprenden (para quien se sorprenda, que yo ya agoté mi capacidad de eso en cuanto a noticias) en los telediarios con una nueva encuesta sobre algo. Si estamos en época de elecciones, suelen tratar sobre la intención de voto. En ellas la gente miente de forma habitual, yo la primera, porque hasta donde yo sé, el voto es secreto, y no tengo por qué proclamarlo en público si a mí no me da la gana. En caso de que hablemos de otras épocas no electorales, la encuesta en cuestión puede tratar de los más variopintos temas.

            Hay una serie de empresas que se dedican a esas cosas: o bien telefónicamente, o asaltándote en plena calle, te interrogan sobre esto o aquello, o sobre lo que el que paga el estudio haya tenido a bien encargar que te pregunten. Las encuestas son un elemento muy útil para todo, sobre todo para vender, que últimamente parece ser lo único que interesa. Con tal de encasquetarnos lo que sea (habitualmente algo que no necesitamos, no queremos o no nos conviene, como por ejemplo un gobierno, una bajada de sueldo, una subida de impuestos y menudencias por el estilo), se encargan las encuestas que hagan falta. Y eso sí que no.

            Paso por las encuestas de consumo con retribución en especie; una vez hice una, se trataba de saber si tomabas cerveza, la preferías rubia o negra, barata o cara, con regustillo a tabaco o a regaliz, si la consumías a solas o con amigos, en casa o en el bar. Y luego te invitaban a una birrita sabrosa por tener la amabilidad de contestar. Me convino el trato, y contesté a todo. Después, analizando solamente mis respuestas, sin mirar la columna de las preguntas, reparé en que se me podía tomar por lo que no era: “Sí, rubia, barata, con gusto a tabaco, con amigos y en casa”. Talmente una orgía. La encuestadora (o encuestatriz, o encuestante, no sé cómo se dice) aún se debe estar preguntando de qué me reía.

            Otro rollo son las encuestas telefónicas. No contesto ni una. A veces pongo acento de mucama caribeña y me excuso “aaay, discuuulpe, la señora no se encueeentra, el señor salió de viaaaje, y yo de eso no sé naaaada”. No sé si cuela o no, pero mis hijas me oyen y se parten. Ese es un truco que aprendí de mi padre, catedrático de latín, que suele decir “señor, yo es que soy un jubilado que no sé leer ni escribir, y de eso no entiendo”. Da igual el tema. Mi tiempo es mío y lo pierdo como a mí me da la gana, que no suele ser contestando preguntas, sin contrapartida alguna, para que después me vendan cosas.

            No suelo hacer caso de las encuestas que de verdad hablan de cosas importantes: la de la población activa suele estar manipulada a conveniencia de los de turno, y no me la creo. La general de medios no sé cómo la hacen, pero para mí que los que la contestan mienten, como hago yo con las de intención de voto. Si no, de verdad que no me explico cómo es posible que los informativos de la 1 y las tertulias de Intereconomía destaquen tanto. Y, por último, está la reina de las encuestas: la de “lo que preocupa a los españoles”, realizada por el C.I.S. Este organismo para los políticos es como la Sibila de Cumas, el gran oráculo, la boca de la verdad. Lo que dice el C.I.S. va a misa, y curiosamente, no suele estar de acuerdo con mi opinión. Cuando al gobierno le interesa que a la población le preocupe una cosa, resulta que esa cosa es la primera en la encuesta del C.I.S., desviando la atención y creando una conveniente cortina de humo. Por ejemplo, ahora, con el escándalo de la corrupción de los políticos, lo que más nos preocupa es el incremento del IVA (que ya se nos ha olvidado). Cuando iban a subir el IVA, lo que más nos preocupaba (según ellos) era el terrorismo de ETA (que ya había cesado), y no veíamos más impuesto que el revolucionario. Del otro ni hablábamos, o eso decían. Dentro de nada, y con el ritmo de manipulación de la información que llevamos, nos preocupará más a todos los españoles (siempre que no haya fútbol y la Roja vaya bien) el sexo del hijo que espera la Mónica Cruz que los desahucios vergonzosos que los bancos (en connivencia con los políticos) perpetran a docenas cada día, dejando a la gente con una mano delante y la otra detrás, desnudos, desprotegidos, despojados. Des-todo.

            Si quieren fiarse de una encuesta real, que toma el pulso de la calle como hay que tomarlo (con autenticidad, sin esconder nada, en carne viva y sin aviesas intenciones), háganle caso a la encuesta de enero de “EL OTRO C.I.S.”: Carnaval Irreverente y Satírico, o Cádiz Informa y Señala, o Callarse Infecta a la Sociedad. Pásense por el carnaval de Cádiz, escuchen a sus comparsas y chirigotas, y verán qué es lo que realmente nos afecta, nos importa, nos indigna a los españoles. No dejan títere con cabeza. Ni falta que hace.

            Si yo fuera política (que va a ser que no), pasaría de los del C.I.S. y llenaría mi gabinete de consultas con chirigoteros gaditanos. Y los pondría a cantar en la tribuna del Congreso, a decir las verdades bien dichas. Se iban a enterar más de cuatro.

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