jueves, 7 de febrero de 2013

AGRAVANTES


            “Levántense los acusados”, ordenó el juez. En la sala, el silencio era tan denso que se podía haber cortado como un cuchillo. Se pusieron de pie, y todos miraron al frente, hacia el jurado que les observaba como queriendo descifrar sus pensamientos. Tres jornadas de juicio habían sido suficientes para que aquellos hombres y mujeres tuviesen una idea clara de los hechos; los testigos ya habían declarado, y también los acusados, jurando que lo que decían era la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Los acusados rehusaron un abogado, no lo necesitaban. Lo que hubiera de ser, sería, y así lo aceptarían, con nobleza, a cara descubierta. Como siempre habían hecho.

            “¿El jurado ha alcanzado un veredicto?” Todos ellos asintieron, y los “presuntos” se miraron. En el fondo ya lo sabían, pero siempre queda una esperanza. Mientras no se pronuncian esas palabras, es como si no existieran. Después de escucharlas ya no hay vuelta atrás, pero hasta que alguien las dice aún queda una mínima posibilidad de que el final sea distinto.

            El ujier se acercó al estrado con un papel en la mano, y el juez se colocó las gafas de vista corta y comenzó a leer. “Después de valorar las declaraciones de los testigos y acusados, este es nuestro veredicto.

El señor Sacapuntas Rojo, el señor Cera Verde, el señor Carioca Marrón, el señor Alpino Blanco, los señores lápices Ikea, Tablas de Multiplicar y Rayado del 2, los hermanos Bic, los señores gomas Milan Nata y Pelikan Boli, el señor Stabilo amarillo fluorescente, el señor Pegamento Imedio y demás cómplices y colaboradores son encontrados culpables de los siguientes delitos:

Lesa majestad, por burlas despiadadas a la figura del Rey y su familia, que tanto hacen por mostrar al mundo las excelencias de nuestra amada patria.

Desacato a la autoridad, poniendo en entredicho la buena intención del gobierno actual y su brillante gestión, tanto económica como en materia educativa.

Intromisión al honor de empresas privadas de probada buena influencia en la población, como son las televisiones que, con sus contenidos edificantes y altamente intelectuales, elevan el nivel cultural del país, beneficiándonos a todos.

Incitación al desorden público, animando a la ciudadanía a salir a la calle y protestar de cosas que funcionan perfectamente, como por ejemplo el sistema bancario, gracias al cual gozamos del nivel de bienestar que todos conocemos.

Subversión, por insinuar sin pudor alguno una supuesta falta de honorabilidad de destacados personajes que ostentan el poder político y han sido elegidos por el pueblo de manera democrática.

El líder de la banda, el señor Boli de Cuatro Colores, es acusado además de cargar las tintas, con sus cuatro afiladas puntas, escribiendo coplas ridiculizantes, sangrantes, descalificatorias y pretendidamente graciosas sobre temas de los que a este tribunal no le conviene que se hable, con los agravantes de nocturnidad, alevosía y reincidencia.

Por todo ello condenamos a los aquí presentes materiales escolares a la pena de un año de confinamiento en su estuche, con la cremallera cerrada, en el cajonazo más grande del escritorio de este tribunal, quedando fuera del concurso oficial.

¿Tienen algo que añadir los acusados?”

El bolígrafo de cuatro colores levantó la mano. “Señoría, con la venia. Estamos en Carnaval, y durante ese tiempo tenemos permiso para cantar y decir en nuestras coplas lo que nos dé la gana. No es nuestra culpa que ustedes nos den motivos de sobra para cuartetas como las que se han juzgado aquí. A los buenos carnavaleros no les calla, ni este tribunal, ni el mismísimo Papa de Roma, que como se descuide tampoco se libra de la quema. A los buenos carnavaleros no les juzga un jurado, sino el pueblo en la calle. Por tanto, puede usted hacerse un avioncito de Ryanair con el veredicto que tiene en la mano, que nosotros nos vamos a los tablaos a cantar del Rey, del banco, del Ayuntamiento y de quien se nos ponga delante. Ea, que se levanta la sesión”.

Y dicho esto, ceras, rotus, bolis, gomas, sacapuntas, pegamento y todo el resto del material se marcharon a tomarse unas copas a la salud del jurado, y cantaron todo lo que les dio la gana sin dejar títere con cabeza. Como debe ser.

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