jueves, 9 de mayo de 2013

LA REGATA


            Cuando me enseñaron la barca, pensé que estaban locos. “Este es el objetivo de tu presente: reunir una tripulación de trainera. Como ves, cada remo es el puesto de un remero. Tu misión será encontrar a las personas que van a ocupar esos bancos y conseguir que aprendan a remar todas a la vez, de manera que puedas ganar una regata. Debes elegir individuos fuertes, que boguen con vigor, y un patrón lo suficientemente audaz e inteligente como para guiar la trainera entre las olas de un mar bravo. La idea es intentar que tu barca llegue a puerto, sin volcar, y a ser posible antes que las demás”.

            ¡Menudo encargo! Los Hados, a veces, nos piden unas cosas… Pero bueno, si esa era la misión de mi presente, tendría que espabilarme y buscar tripulación para aquella trainera que ni siquiera tenía nombre pintado en los costados de proa. Comencé mirando en los gimnasios. Buscaba mozalbetes fortachones, sobre todo en las máquinas de simulación de remo. Me inflé a ver torsos fornidos de chicos que se miraban los bíceps al pasar ante cada espejo. Reuní un buen puñado de ellos y les propuse un paseo por el puerto. Dos se marcharon nada más comprobar con la mano la temperatura del agua. Otro más lo hizo al ver que no había salvavidas ni cascos. “La seguridad ante todo”, dijo.

            Con el resto repartidos por la trainera y mis manos en el timón, comenzamos el paseo. Una ola casi nos hizo zozobrar, y “mis chicos” comenzaron a discutir entre ellos. Algunos se cambiaron de borda porque el ataque con el remo era mejor del otro lado, y desequilibraron las fuerzas. Cuando llegó la segunda ola, me acusaron de mal timonel y comenzaron a disputarse entre ellos mi puesto. Yo me senté y cogí un remo, esperando que alguien empuñase la caña del timón. No lograron ponerse de acuerdo, y después de unos minutos sin gobierno, la tercera ola nos mandó a todos al agua. Mi primer intento de reunir una tripulación había fracasado.

            “No elegiste a las personas adecuadas”, me dijeron los Hados. “Esta regata es tu presente, y se convertirá también en el presente de quienes conformen tu tripulación. Piensa que la implicación de todos debe ser tal como para llegar a puerto. Si hay un problema, debéis seguir remando. Si a alguien le duele un brazo, debe seguir remando. Si alguien se fatiga o desmaya, hay que ayudarle a seguir remando. Si surge un imprevisto, hay que solucionarlo cuanto antes y seguir remando. Esto es como la vida. Tenlo en cuenta”.

            Lo pensé despacio, y me di cuenta de por qué había fallado en mi primer intento: solamente miré lo de fuera, y las cualidades necesarias para afrontar este reto vital se esconden dentro de las personas. Por eso rompí mis criterios, vencí mis prejuicios y comencé a llamar a sus puertas.

            Primero fui a buscar a Rocío y a Ana, dos mujeres jóvenes que persiguen el sueño de ser madres. Ambas saben ya lo que es ver frustrado un anhelo profundo una y otra vez, y, aún heridas en su condición de mujeres, se levantaron y siguieron peleando para lograrlo. Ellas fueron mis primeras remeras. Después fui a por Conchi, Olga y María Jesús, tres fieras que lucharon contra el cáncer de mama y vencieron. La aparente fragilidad física de dos de ellas es eso, solamente apariencia. Busqué también a Nandi, que está en plena batalla para vencer a la misma enfermedad. A pesar de las veces que pareció que remitía y volvió, ella sigue empecinada en ser más fuerte que el mal y superarlo, y lo hará. Las cuatro ocuparon su puesto en la trainera, empuñaron sus remos y se ayudaron a vendarse las manos para no llenarse de ampollas.

            Continué buscando miembros para mi tripulación. Llamé a mi paisana Ana, que en tres años vio cómo moría su marido, se hundía su empresa y le quitaban cuanto tenía, incluida su casa, dejándola sin medios para criar a sus dos hijos pequeños. La recordé matándose por salir a flote sin perder la sonrisa, y supe que alguien con tanto coraje era imprescindible en nuestro barco. También Teresa y Gloria, cuyos compañeros de vida enfermaron de males crónicos y terribles, y que tiran adelante con los hijos, la casa, las dudas y los miedos, las constantes visitas médicas y las secuelas permanentes, se subieron al barco. Ellas tres saben bien lo que es bogar contra corriente sin descanso, día y noche, y ser capaces de mover con su fuerza incluso navíos anclados.

            Mayte y Àngels pensaron que no podían, porque la fibromialgia es mala compañera de viaje, pero para mí eran dos remeras necesarias: están acostumbradas a pelear contra sus dolores y contra la incomprensión de todo el mundo. Las convencí, y se embarcaron.

            Esta, y no otra, es mi tripulación. Nos turnamos al timón, porque todas sabemos cuál es el rumbo: hacia delante, siempre. Cuando una se cansa, otra la releva. Hablamos, nos entendemos, compartimos, porque lo que una no sabe la otra se lo enseña, y sé que llegaremos a puerto. Tal vez no tan rápido como otros, quizá nos cueste más tiempo y esfuerzo, pero nuestra barca no se hundirá. Para algunas he escrito cuentos, a otras las conozco solo por la Red, y a otras tengo la fortuna de haber podido abrazarlas, y sé que ellas, más que nadie, merecen que esta singladura tenga éxito: en la regata de la vida, todas son campeonas.

            Esta trainera, llena de fantasía y optimismo, de sueños, coraje y experiencias vividas, solamente podía tener un nombre. Hubo un total consenso al elegirlo. Se llama ADELANTE. Es un honor para mí remar junto a heroínas como ellas.

5 comentarios:

  1. Ufff me has hecho llorar (otra vez) MILLONES DE GRACIAS porque sin ti esta regata no podria seguir a flote

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  2. Aquí remamos todas, chicas. Todas igual. Mi misión es que mantengamos la moral alta y la esperanza intacta, y eso es lo que voy a seguir haciendo. ¡Adelante!!!!!!!!

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  3. ¿Y qué hago yo ahora con este torrente de lágrimas que se me escapan?
    Gracias por esta lección de vida y por incluirme en tu tripulación.
    Voy a seguir soltando el moquillo.

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  4. Te superas cada día en tus relatos.

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