jueves, 6 de junio de 2013

NO HE CAMBIADO


            Cuando yo lo conocí le llamaban “El chaval de Don Eusebio”, aunque en su carnet de identidad ponía Carmen. Era la mediana de tres hermanas, pero ya desde pequeña organizaba unas terribles pataletas cuando su madre pretendía vestirla con faldas y lazos. Un día, al salir del colegio, se cercenó las trenzas con las tijeras de podar de su padre. Ya sabía que no quería ser como las demás niñas. No se sentía como ellas.

            Pese a que subirse a los árboles, correr tras el tren y tirar piedras al río eran sus principales aficiones (además, claro, de pelearse con los otros chicos a puñetazo limpio), Carmen tenía una sensibilidad artística muy acusada; quemaba corriendo por el campo el exceso de energía, y después se sentaba a pintar. Esos eran sus dos lados, el femenino y el masculino, en un cuerpo confuso que libraba ya dos duras batallas: la interior, en la que su sistema hormonal y su cerebro se cruzaban dardos contradictorios, y la exterior, contra todos los que la miraban crecer como un muchacho sabiendo que en realidad no lo era. De ahí le vino el mote de “El chaval de Don Eusebio”, de las veces que se peleó para que dejasen de burlarse de sus cambios, ya que en lugar de pasar de niña a mujer estaba pasando de niña a hombre, y el “Carmencita” que le dedicaban los demás al verla le parecía una burla cada vez más cruel.

            Tampoco fue agradable para sus padres, que sabían que el rumor estaba en boca de todos. No es fácil oír a los demás murmurar sobre tu hija en términos “lesbiana”, “bollera”, “marimacho” y cosas parecidas. Para una madre, un hijo es un hijo, un ser singular y amado hasta las últimas consecuencias. Su padre, en cambio, tardó bastante tiempo en comprender, pero al fin no pudo sino rendirse a la evidencia.

Decidieron hablar con ella seriamente en cuanto dejó atrás la pubertad. Vestía como un hombre, hablaba como un hombre, buscaba a las chicas como hacían los otros jóvenes. Era un escándalo en el pueblo. “Mamá, papá, me voy a poner en tratamiento. Quiero solicitar el cambio de sexo para estar completo en lo que soy. Necesito que en mi documento de identidad ponga lo que tiene que poner, un nombre de varón”. Tímidamente, su madre le rogó que lo pensara. Pero lo había decidido con apenas diez años y ya casi tenía diecinueve. Era algo más que meditado.

            En poco tiempo las hormonas obraron el milagro. Sus bíceps crecieron, su silueta se afinó y pronto comenzó a afeitarse. Su pecho casi inexistente pareció sumirse del todo, y el irregular período, que le hacía sentir tanta repulsión por sí mismo, dejó de aparecer. Trabajó como un mulo en las huertas, pintando casas y haciendo bocetos de esculturas y murales decorativos, su gran pasión, para pagar la cirugía que le era imprescindible; el préstamo, sin embargo, tuvieron que pedirlo sus padres, porque los del banco no consideraron oportuno conceder un crédito a alguien tan joven para un proyecto “tan arriesgado”.

            Ahora se llama Christian; el paso del tiempo ha puesto las cosas en su sitio, todo el mundo le conoce ya por ese nombre, vive con una chica desde hace años y son una pareja más. Se impusieron la cordura y la tolerancia después de mucho tiempo de lucha e incomprensión, pero es que los caminos solamente los abren los valientes. Los valientes como él, que ni siquiera pensó en cambiar de pueblo para empezar de cero y no tener que soportar burlas, lástimas ni maledicencias.

            Hace pocos meses fue requerido para pintar una casa; pertenece a un matrimonio mayor, emigrantes en Suiza, que han vuelto para disfrutar de su retiro. Al hacer la señora la típica pregunta de “Tú no eres del pueblo, ¿verdad?”, él contestó que sí. “Soy Christian, el hijo de Don Eusebio”. La pregunta no llegó a salir de los labios de ella, pero se dibujó claramente en su rostro de asombro. “No, señora Luisa, no he cambiado. Yo siempre fui lo que ve. Los que han cambiado son los ojos de los demás. Por cierto, ¿qué le parece si le pinto un mural decorativo en la pared del comedor? Si quiere le traigo unos dibujos”.
 

1 comentario:

  1. Hola llegué aquí por algún senderito de la amistad... siguiendo una huella seguramente y aquí me quedo para que me cuentes historias, compartirlas, de eso se trata este intercambio enriquecedor.
    Un beso

    lujanfraix.blogspot.com

    Mi blog principal por si quieres visitarme.

    Abrazo.

    ResponderEliminar