martes, 27 de agosto de 2013

LA TETA Y LA ESTUPIDEZ


            Érase una vez una madre con su bebé en brazos. Ella paseaba por una gran tienda de ropa de, llamémosle, precios populares. Traducido al cristiano, una especie de mercadillo de prendas baratas, hechas con telas malas cosidas en búscate a saber qué país del tercer mundo pagando a los cosedores/as una ridiculez al día, pero que en lugar de tenderetes de tubo y plásticos y su vendedora detrás (la braaaaga de moooda, ay coooompra dos por tres leeeuros, mira chica qué primores traaaaigo) tiene techo, cajas registradoras y guardias en las puertas. Un sitio en donde la ropa, y no solo la ropa, es casi de usar y tirar, pero que siempre está atestado de gente. Y ocurrió que, por mandato de la naturaleza, el bebé despertó, notó su estómago vacío e hizo lo que cualquiera en su puesto habría hecho: llorar para reclamar alimento.

            La mamá de la criatura se vio en mitad de una vorágine comercial, lejos de casa y de su coche, e hizo lo que era más lógico, o al menos lo que yo considero más lógico: le dio de mamar a su hijo para calmarlo. Y, señores, aquí viene el acontecimiento, el motivo del revuelo, el escándalo, la desvergüenza. No, no me refiero a la teta descubierta en lugar público. Me refiero a que la echaron de la tienda. Tal cual.

            Una teta que da leche no es un objeto erótico. Es un biberón natural, una fuente de carne hecha a medida de la boquita que demanda lo que mana de ella. Una mujer que da de mamar no es una tía enseñando las tetas, es una madre alimentando a su cachorro. Ver algo sucio, provocativo, pecaminoso o inadecuado en ello es como para hacérselo mirar. Yo no sé si la chica se retiró a un rincón discreto o continuó caminando y mirando ropa, comportamiento propio de otras culturas que conviven hoy día con la nuestra, y hecho que yo considero una proeza (jamás conseguí dar de mamar a mis hijas sin asiento y cojín para apoyarme, pero me consta que hay mujeres que sí son capaces), pero me da igual. El responsable del local que echó a la calle a esa madre por dar de mamar a su bebé, seguramente mamó poco (o nada) en su niñez, y debe tener algunas carencias afectivas. Freud tendría mucho que decir al respecto, desde luego.

            Habrá quien me diga: “es inadecuado practicar la lactancia materna en lugares públicos, y poco comercial para el local”. Mec. Error. Una tienda de ropa de calidad no habría echado a la mujer, sino que le habría facilitado un lugar cómodo en donde amamantar sin tanto jaleo de gente alrededor, y además le habría ofrecido un vaso de agua mineral para reponer líquidos. Lo que consiguió “ese sitio cuyo nombre no diré pero todos habéis intuido” fue que, a los tres días, un ejército de mujeres se plantara en varias tiendas de la cadena armadas con sus bebés, e hicieran una gran tetada para escarmentar a más de uno.

            Vamos a dejarnos de remilgos estúpidos: en un país en el que para anunciar cualquier cosa se enseñan tetas, ya sea un coche, ropa o bolsas de basura, no me vengan ahora con que amamantar en público es indecente y censurable. Quien piensa así puede coger su doble moral y guardársela en el bolsillo: yo prefiero mil veces la boquita de un bebé tapando mi pezón que una de las camisetas que venden en esa tienda, que de tanto escote como tienen solamente tapan eso, el pezón. Y además, como me descuide, la tela me dará alergia.

            Cuando la lactancia condiciona y limita la vida social de una mujer se abandona antes de lo deseable. Si usted que me está leyendo ve a una madre dando de mamar a un niño en público y se siente violento o incómodo, sea comprensivo y dese la vuelta. Y recuerde que usted también mamó, y si no lo hizo, lo siento por usted, de veras.
 

1 comentario:

  1. Ooooleee!! Te felicito por este gran articulo
    un saludo de una actual mama lactante que saca su teta donde haga falta... Faltaria menos!!

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