domingo, 27 de octubre de 2013

BENDITAS TABLAS


            Desde que me metí en este jardín de rosas, espinas, madreselvas y plantas varias de diversa índole que es el mundo de la escritura, me han ocurrido muchas cosas que han ido cambiando mi modo de ver la vida. Una de ellas pasó justo ayer, y quería contároslo antes de que la sensación se me borre de la piel, pese a que la huella de dentro no creo que se me borre nunca. Es algo que tiene que ver con las “primeras veces”, que son las que abren caminos en nuestra existencia. Después de esos debuts más o menos afortunados, decidimos continuar por los nuevos senderos recién descubiertos o no hacerlo, y la elección dependerá de lo satisfactoria que fuera esa primera experiencia. O de nuestra propia cabezonería. Que en mi caso es mucha. Muchísima.

            Reconozco que Talía y yo no hemos tenido una gran relación hasta ahora. Estoy refiriéndome a la musa del teatro, no a la cantante mexicana, obviamente (era una metáfora, por si no os habíais dado cuenta). Solamente un par de veces, una en Madrid, otra en Valencia, me había inclinado por el teatro en lugar de hacerlo por la música, que suele ser mi primera opción. Ninguna de esas dos ocasiones estuvo mal, pero tampoco sentí lo que esperaba sentir. No acerté con las obras, o no estaba de humor, o qué sé yo. La primera vez fue como cuando tienes la primera experiencia con el sexo: lo imaginaste maravilloso, lo esperaste emocionante, explosivo, satisfactorio, y luego resulta que no lo es. Haces un segundo intento y aún te deja más frustrada que el primero, y piensas: “será que esto no se hizo para mí”. Y lo único que pasó fue que equivocaste la técnica, o la pareja, o ambas cosas. Ahí es donde entra el factor “testarudez”: si eres muy capricornio, volverás a intentarlo. Si no lo eres, lo dejarás correr, y a otra cosa, mariposa.

            La semana pasada, por circunstancias casuales que ahora no vienen al caso, conocí a una actriz. Bueno, en concreto conocí a dos, pero de la otra ya os hablaré en otro relato. A esta la había visto mucho en televisión, siempre me pareció un pedazo de hembra de armas tomar, con una imagen personal tremendamente atractiva, segura, decidida, muy alejada de la mía propia. Su trato (el poquito que tuvimos) fue encantador, habló de la obra que estaba representando y, ¡oh, casualidad!, esta semana venía a Valencia. Después, una de mis más fieles lectoras me propuso que fuéramos juntas a ver la función, y pensé: “bueno, pues iremos, a ver qué tal”. La entrada, ya que estamos dispuestos a contarlo todo, gracias a nuestros amados políticos y a su IVA de lujo para la cultura, no salía barata, pero me la pagó una lectora de Barcelona a la que le escribí un cuento. Solamente quedaban de gallinero o de primera fila. A pie de escenario. Allá fuimos.

            Benditas tablas. Ahí estaban, Ana Milán, Fernando Guillén Cuervo, y nosotras casi a sus pies, expectantes. Comenzó la obra, “El diario de Adán y Eva”. Y llegó. Llegó lo maravilloso, lo emocionante, lo explosivo, lo satisfactorio. Llegaron las miradas, la química, llegaron la risa y el llanto, las palabras que siempre deseé escribir, los sentimientos que esos dos monstruos de la actuación supieron hacernos experimentar a todos. Y llegó el temblor, y el vello de punta, y el suspiro, y el escalofrío, y el cálido placer antes buscado y nunca, hasta ahora, encontrado. Llegó Talía y se sentó a reinar ante nosotros mientras ellos, Adán y Eva, Felipe y Catalina, Ana y Fernando, nos sacudían sin tocarnos con sus voces, sus manos, sus gestos, sus ojos clavados en los del otro destilando el más tierno, el más hermoso de los amores conocidos.

            La tarde de ayer quedará marcada en rojo en mi calendario personal como el momento en que descubrí dónde está la auténtica magia del teatro. Prometo ya nunca volver a dudar de ti, Talía. Y a ellos, a Felipe y a Catalina y a ese último abrazo que llenó mis ojos de lago y me dejó completamente “touchée”, les doy las gracias. Para mí ellos serán siempre los rostros que me hicieron enamorarme del teatro.
 

3 comentarios:

  1. Un "touchèe" para esta entrada tan bonita que acabo de leer y este final que me ha puesto los vellos de punta y me ha hecho sentir lo mismo que sentí aquella tarde de septiembre sentada en un patio de butacas frente a sus miradas, su química, su amor... Que se dejaba palpar por todo el teatro... sus voces, y ese texto, que hizo que saliera de allí retomando amar mejor y más y de otra manera.
    O no?

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  3. Que decir de estos dos y tan grandes personajes... Sencillamente no hay palabras para describir esta obra.
    Tienes que ir a verla y todos entenderéis el porqué!
    Simplemente... ANA MILÁN y FERNANDO GUILLÉN CUERVO, han dejado el listón muy alto para que encaje la próxima obra en mi corazón.

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