jueves, 17 de octubre de 2013

CON SU TERMO ROSA


            La mirada del escritor es capaz de ver las cosas de otro modo a como las percibe el resto de los mortales. Yo estoy acostumbrada a ir por la vida cazando historias para contarlas, porque no todo lo que escribo en este blog es verdad, pero tampoco todo es fantasía. Lo que digo que me pasó a veces me pasó y otras no, y yo lo hago cierto desde el momento en que le doy forma de cuento. Por fortuna no soy la única que ve historias dignas de ser contadas en cada rincón; hay muchas otras personas que también tienen en sus ojos la capacidad de distinguir cuando algo es, como yo digo, “carne de cuento”. Mi amiga Carmen, la lotera más sonriente de Granollers, me habló ayer de Angelines, y su comentario fue tan tierno que vale la pena que os cuente la especial relación que las unió.

            Angelines era un ángel de los que más saben, no por ángeles, sino por viejos. Ya había rebasado la barrera de los ochenta y era mujer, lo cual quiere decir que, con toda probabilidad, su situación económica no era la más desahogada del mundo. Todos conocemos qué tipo de pensiones cobra la mayoría de señoras de esa edad: de viudedad, no contributivas, exiguas, insuficientes. Estoy cansada de ver cómo, en la frutería de mi barrio, algunas Angelines similares a ella rebuscan la fruta que ya está picada para pedirle al tendero una rebaja en el precio. “Total, las vas a tener que tirar”. Esas Angelines, ricas en tiempo y en experiencia, millonarias en bondad y forzosamente austeras de presupuesto, son las que recorren todos los supermercados del barrio buscando los productos más baratos porque no se pueden permitir otra cosa, y para abaratar el recibo de la luz de su casa se acuestan a dormir a las nueve de la noche con un transistor de pilas como única compañía.

            Nuestra angelina Angelines, la protagonista de la historia de hoy, sellaba sus esperanzas en forma de boleto de bono-loto en la administración de mi amiga Carmen, y un buen día, hará un par de años, la Suerte le hizo un pequeño guiño. Digo pequeño, porque dos mil euros son bien poco como premio, pero para ella suponían un gran capital. Cinco meses de pensión caídos del cielo de un solo golpe, y mirad si era angélica nuestra Angelines que en vez de sentirse inmensamente afortunada se sintió profundamente agradecida, pero no a la Suerte, sino a la lotera. Para la anciana, la mano de Carmen había sido determinante en la consecución de aquel premio, y eso no lo olvidaría nunca.

            Desde aquel día, a las nueve en punto de la mañana, en cuanto Carmen levantaba la persiana de la administración de loterías aparecía Angelines en la puerta con el desayuno: un café con leche y galletas. No compraba el café en el bar de la esquina, no se lo podía permitir; lo hacía en casa y se lo ponía en un termo rosa de Hello Kitty. Las galletas, Marías de toda la vida o las que hubiese de oferta en el súper esa semana. Un desayuno modesto y sencillo, pero que venido de sus manos valía tanto como el mejor continental de un hotel de cinco estrellas. Daba igual que caminase con dificultad, circunstancia que disimulaba bastante bien sustituyendo el andador por un carrito de la compra de cuatro ruedas que le servía de discreto apoyo. Daba lo mismo que hiciese frío, que lloviese, que hubiera pasado mala noche o le doliese la espalda. Ella se levantaba, se aseaba, preparaba el desayuno para la lotera “endulzado con stevia, que no engorda y es más sana que la sacarina, tienes que cuidarte, niña” y se lo llevaba puntualmente. Era la única manera que tenía a su alcance de intentar devolverle a Carmen un poquito de la gran suerte que le había otorgado con aquel boleto de bono-loto.

            La luz de nuestros días no es la del sol, ni la de las bombillas que lo sustituyen. La verdadera luz que nos alumbra es la que nos proporciona la gente que nos rodea. Angelines era toda resplandor cada mañana con su termo rosa, tenía el brillo de las personas a las que vale la pena conocer. Ayer, sin embargo, ya no se levantó. Desplegó las alas del descanso merecido y con ellas voló a un lugar mejor. Ha dejado las mañanas de Carmen mucho más oscuras, no por el café y las galletas que ya no tomará, sino porque el sabor de aquel cariño ya no volverá a llenarle la boca.

            Estamos rodeados de seres extraordinarios. Abrid los ojos, mirad bien y los veréis.
 

2 comentarios:

  1. Precioso Su, gracias por compartirlo con nosotros.

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  2. Hola. Pasaba a entregarle a tu blog en nombre de mi blog “Los mundos de Laura" el premio "Liebster Award".

    Puedes pasar por el siguiente link para ver las bases y repartir las menciones hacia los 11 blogs que creas conveniente http://lauraelisaarena.blogspot.com.ar/ premio-liebster-award.html

    Un saludo
    Laura Arena.

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