miércoles, 2 de octubre de 2013

DESDE LA DISTANCIA


Para: Fran Guapo

Fecha: 23 de mayo de 2014

Asunto: Qué difícil es esto

Querido Fran: en los meses que llevamos escribiéndonos, desde que te di mi dirección de correo electrónico, son muchas las veces que he pensado en lo que estamos haciendo. Ya no tenemos edad, ni tú ni yo, de andarnos con tonterías. Paso los días pendiente del ordenador, hasta me he puesto en el móvil tarifa de datos para ver al instante si tú me has mandado algún mensaje, y esto no me ocurría desde que era una adolescente. Claro, que entonces no había mail, ni whatsapp, ni nada de esto. Entonces, lo que hacemos rozaría lo imposible, y pese a saber eso, conozco personas que lo consiguieron.

Cuando hablamos por skype me parece todo maravilloso, pero por la noche, cuando me quedo sola en casa, le doy muchas vueltas a este tema y me lleno de dudas. ¿Y si damos el paso y no funciona? ¿Y si me he hecho una imagen de ti que no se corresponde con la realidad? ¿Y si eres tú el que tiene una impresión equivocada de mí? ¿Y si después de todo el esfuerzo lo nuestro no funciona? ¿Y si…?

Enamorarme de ti ahora no entraba en mis planes, pero ha pasado. Lo que no quiero es sufrir, de modo que tenemos que tomar una determinación: o nos lanzamos a la piscina, o nos olvidamos del tema.

Un beso virtual por ADSL hasta ese lejano y hostil Frankfurt en el que vives.

Lola.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Para: Lola Dulce Lola

Fecha: 24 de mayo de 2014

Asunto: Yo me tiro a la piscina vestido si hace falta.

            Mi niña Lola: cuando empecé a tirarte los tejos en Twitter fue porque tu manera de expresarte me decía que eras mi alma gemela. No se trataba de una certeza, sino de una intuición; lo que menos pensaba yo es que fueras a hacerme caso. El asunto no es que en Germanolandia estoy muy solo, que lo estoy. Tampoco se trata de que trabajo como un negro en todo lo que me sale. Se trata de que tu cara en la pantalla hace que mis días tengan sentido.

 De mil amores mandaría todo esto a rodar, haría la maleta y me plantaría en tu Málaga para no separarme nunca más de ti, pero no puedo. Al menos no hasta que se invente la forma de vivir del aire, porque tú tampoco consigues un empleo fijo, y si ahora ya tenemos poco futuro, imagínate si vuelvo a España. Pero cada día siento que no aguanto más sin estar contigo, que necesito verte y estar a tu lado. Lo tendría mucho más sencillo enamorándome de cualquier teutona de estas que pululan a mi alrededor, pero ninguna me hace reír como tú. Lo único que podría ahora mismo matar este sentimiento sería constatar que me has mentido. Que no te llamas Lola, que no eres soltera ni rubia, que estás jugando conmigo, que solamente me quieres por mi cuerpo (oigs, oigs, y yo sin depilar) y que tus fines no son serios.

Te propongo un plan: coge un Ryanair, ven a verme, pasa conmigo un fin de semana, y después decides. No va a ser un “si tú me dices ven, lo dejo todo” pero, cuando bajes del avión, te voy a besar de un modo que ya no querrás irte de mí nunca más.

Un abrazote, un par de mordiscos y alguna cosa más que no te digo por escrito para que no creas que soy la reencarnación del Oso Libidinoso.

Fran.
-------------------------------------------------------------------------------------------------

Lola leyó varias veces este último correo. Si se iba a Frankfurt, a buscar a alguien a quien solamente conocía por Internet, quizá cometiera un gran error. O quizá acertase al fin por una vez en su vida. Lo más que podía pasar es que no funcionara y tuviera que volver con las orejas gachas, una mano delante y la otra detrás. Si no lo intentaba se quedaría con la duda. No quería vivir en Alemania; si todo les iba bien, tal vez algún día pudiesen regresar juntos a España. Pero sí tenía una cosa muy clara: si detectaba que él no era lo que parecía ser no trataría de amoldarse, porque por experiencia sabía que la gente no cambia, y también que “esas pequeñas cosas que te hacen tan distinto a los demás” acaban siendo “esas p… manías que me ponen de los nervios”. No, otra vez no. O realmente había sido tan transparente en sus mensajes como parecía, o Lola se volvía para Málaga en el primer avión.

Fran repasó los últimos correos de Lola y deseó con todas sus fuerzas que fuera valiente. Cuando cumples los cincuenta años y, después de muchos fracasos amorosos, después de muchas lágrimas y muchos marrones, te vuelve a latir el corazón por alguien, no hay que pensarlo demasiado.

Buen viaje, Lola. Ojalá esta sea la mejor aventura de tu vida. Y si no, ya saldrá el sol por algún sitio, pero… ¡que te quiten lo bailado!
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario