martes, 14 de abril de 2015

CANCIONES

            Desde que nacemos, incluso desde antes, las canciones son un elemento que acompaña toda nuestra vida. Las hay de muchas clases, ritmos, tamaños y colores; cuando somos niños escuchamos las que escuchan o cantan nuestros padres, y después, poco a poco, vamos desarrollando nuestros propios gustos y nos inclinamos por otras cosas más modernas, diferentes de las que prefieren nuestros progenitores. Las canciones de todo tipo conforman la heterogénea banda sonora de nuestra existencia, y tienen un gran poder evocador: de pronto, por azar, en alguna emisora de radio suena un tema antiguo y sus compases iniciales nos traen de inmediato a la memoria algún recuerdo enterrado. Lo malo es que no siempre el recuerdo que viene pegado a la melodía es agradable, pero en fin, eso es algo que se escapa a nuestro control: la capacidad de recordar funciona igual para lo bueno que para lo no tan bueno.
            A lo largo de mis cuarenta y algún año de vida son muchas las canciones que he aprendido, y desde siempre he tenido la misma duda: ¿realmente nos paramos a pensar en lo que dice la letra de los temas que canturreamos cuando suenan a nuestro alrededor? Me explico: la radio, la televisión y otros medios nos bombardean con composiciones que se nos pegan sin remedio, y que todos nos sabemos de carrerilla, pero… ¿nos damos realmente cuenta de lo que dicen o cantamos automáticamente sin analizar el texto? Llamadlo “deformación profesional” de escritora si queréis, pero yo me voy a detener en algunos puntos.
            Pongamos por ejemplo a Mecano. Indiscutiblemente, un hito en la historia del pop. Pero tienen perlas… que vaya tela marinera. “No hay marcha en Nueva York, y los jamones son de york”. Claro, si los jamones neoyorkinos fueran serranos de pata negra la Gran Manzana estaría por Extremadura o así. “Entre miles de tornillos viven en Japón, son más de un millón donde sale el sol. No son rubios, no son altos, son tipo reloj. En un metro hay dos”. Toma ya. ¿Eso no es japonofobia manifiesta? Yo pedí una vez a mis alumnos de seis años que compusieran la letra para una canción y era bastante más profunda que esta del trío Cano-Torroja. ¿Qué se fumaron? Y lo peor: ¿qué nos habíamos fumado los demás para corearla en las discotecas como posesos? A saber.
            No queda ahí la cosa, desde luego. Y conste que no voy a meterme con las canciones en inglés (no conozco el idioma de Shakespeare, con lo cual coreo los temas con un apropiado “wanchu wanchu” y no me entero de lo que dicen jamás), ni tampoco con el gruperío de la movida madrileña, es decir, cosas como “La caca de colores” o “Ayatola, no me toques la pirola”, que esas eran deliberadamente así de… por llamarlas de algún modo… transgresoras. Me refiero a temas y grupos que se vendían como serios y de calidad, y normalmente lo eran, pero de vez en cuando tenían sus deslices. Como Cómplices, por ejemplo. “Igual que actinia y ermitaño pasean por el mar recorreremos en simbiosis terreno sideral”. Terreno sideral. Agüita. Menudo ripio raruno para decir que uno está enamorado y que siempre estará al lado de la otra persona. Pero no, no penséis que hace falta venirse a las eras modernas para hallar versos así de extraños. La copla está a reventar de cosas que si se las dijéramos a alguien nos retiraría el saludo para los restos. No hay más que ver ese impresionante “me voy a hacer un rosario con tus dientes de marfil”. Pero, ¿de qué estamos hablando? ¿Vas a esperar a que me muera para ello o piensas desdentarme a lo vivo? ¿Pondrás incisivos y caninos para las avemarías y colocarás los molares como marca de los misterios, los padrenuestros y la letanía? ¿Te das cuenta de que solamente tengo 32 dientes y para completar el rosario necesitas más de 50? ¿Tú qué te piensas que soy, el Ratoncito Pérez, un tiburón o qué? ¿Estamos ante un caso de apología de violencia machista? En todos los casos, como declaración de amor es una auténtica barbaridad. No dormiría yo tranquila al lado de un sujeto que me dice eso, más bien lo tomaría por un psicópata antes que por un romántico.
            Capítulo aparte merecen las canciones de “te dejo”. Porque el amor, declarado de forma más o menos afortunada, no ha cambiado, pero el desamor sí, y mucho. “Devuélveme el rosario de mi madre, y quédate con todo lo demás” (vuelta la burra a los trigos con el rosario, qué fijación, jolines). Ahora la letra tendría que decir algo así como “me quedo el piso, el coche, la custodia de los niños y por ahí te pudras, chaval/a”. En la actualidad ya no se pueden hacer canciones de desamor, tendrían demasiadas estrofas con tantas consideraciones legales a tener en cuenta en el divorcio. Y claro, tampoco se regala el rosario de la madre de uno así como así, básicamente porque ya casi ninguna madre tiene rosario, y no es un regalo especialmente romántico para nadie. No lo veo yo en las listas de los grandes almacenes por San Valentín, vamos.
En resumidas cuentas: los tiempos cambian, las canciones lo hacen también, pero letras chungas hay en todas las épocas. Eso sí, como vienen con musiquilla, cuelan que da gusto. A mi modo de ver, el partido político que quiera comérselo todo en las próximas elecciones tiene que buscar como asesores de campaña a compositores de canciones comerciales. Si hacen bien su trabajo, tragaremos con cualquier programa electoral que nos quieran vender (aun a sabiendas de que lo van a incumplir enterito), y además lo corearemos en los mítines con el móvil encendido en lo alto (lo del mechero ya no se lleva) como si estuviésemos en un concierto de Sabina, y moveremos el traserillo a su compás en la cola del colegio electoral tarareándolo por lo bajinis al meter el sobre en la urna. Y dubidú, dubidá. Eso sí, no caer en el error de usar el hip-hop. Es minoritario, muy de barrio y poco elegante. Mucho mejor la canción playera con toque de pop anglosajón. Si se parece a las de los anuncios veraniegos de cerveza, triunfa fijo. Y su candidato-cantante, también.


            Os dejo con un verso suelto de lo más reciente como despedida, que sé que cuando lo leáis para vuestros adentros lo haréis cantando. "Por ti, volví por ti pero no te vi. Si no estás solo soy un zombie a la intemperie". Ole. Que vivan las canciones, aunque digan cosas así... así de... así.